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LOS NIÑOS Y LA ALERGIA PRIMAVERAL. SÍNTOMAS Y TRATAMIENTO.


Casi con la misma puntualidad que llega la primavera, llegan también los estornudos, la congestión nasal y las alergias. Tras las lluvias del invierno y con el ascenso de las temperaturas, aumenta la concentración de polen en el ambiente, y también los casos de pacientes con alergia; un fenómeno que llega también a los más pequeños. ¿Cómo puedes saber si tu hijo es alérgico? ¿Cuándo deben hacerse las pruebas? ¿Qué soluciones se pueden tomar?. Ahí van algunas respuestas.

Los síntomas

Según el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos, la alergia primaveral afecta aproximadamente al 10 por ciento de la población española. Los síntomas más comunes que presenta suelen ser estornudos, picor en los ojos y cansancio. Otros síntomas pueden ser urticaria, dificultad al respirar y secreciones nasales acuosas.

¿Cómo saber si un niño es alérgico?

Si bien los síntomas de la alergia se repiten cada año, en ocasiones se tiende a confundir con catarros o resfriados. No obstante, la alergia al polen tiene algunas características que marcan la diferencia entre ambas enfermedades. Así por ejemplo, la congestión nasal no mejora cuando el niño se suena, la mucosidad es acuosa y los estornudos se producen “en salva”, esto es cuatro o más seguidos.

Además junto con los estornudos, el niño puede presentar un cuadro de conjuntivitis y cierta molestia de la luz. A veces aparece tos muy seca, y picor en la garganta, paladar o incluso oídos.

Las pruebas

Muchos especialistas recomiendan esperar hasta que el niño cumpla al menos 3 años para realizarle las pruebas de la alergia, ya que puede dar falsos positivos. No obstante, si los síntomas son muy persistentes durante la época primaveral o cuando el niño está en un entorno de polen abundante, conviene realizarlas para empezar el tratamiento cuanto antes. Por otra parte, si los dos padres son alérgicos, conviene estar más atentos, ya que, en este caso, los pequeños tienen un 70 por ciento de posibilidades de ser alérgicos.

Las pruebas de pinchazos en la piel son las más comunes para determinar las alergias. Se introduce en la piel del brazo una pequeña cantidad de aquello que se sospecha que produce la alergia, y si el pequeño es alérgico, tendrá una reacción cutánea o roncha. Por su parte, las pruebas de sangre son útiles cuando el niño tiene demasiado sarpullido en la piel, tiene miedo a los pinchazos o se teme una reacción alérgica repentina y grave a la prueba de alérgenos.

En cuanto a la fiabilidad de ambas pruebas, cabe decir, que ambos tipos de exámenes se consideran acertados en sus pronósticos en un 90 por cien de los casos.

El tratamiento

Las medidas preventivas suelen ser de utilidad en el caso concreto de la alergia primaveral. Se trata en definitiva de reducir el contacto con el polen:

- Mantener las ventanas de casa cerradas y utilizar aire acondicionado con filtros.


- Reducir la actividad al aire libre en las horas de más concentración de polen en el ambiente; de 5 a 10 de la mañana y de 7 a 10 de la tarde.


- No permanecer en jardines ni tumbarse en el césped.


- Utilizar gafas de sol al salir a la calle.


- No secar la ropa durante las fases de máxima polinización, ya que el polen se pega a las prendas.

Además de las medidas preventivas, y de educar correctamente a los pequeños en los hábitos citados anteriormente, existen dos opciones terapéuticas básicas: por un lado el tratamiento farmacológico, considerado como tratamiento de primera línea, que está dirigido principalmente a neutralizar o amortiguar los síntomas más característicos de los cuadros leves o moderados de alergia. Cuando esto no es suficiente, puede intentarse la hiposensibilización o desensibilización con el propio alérgeno, inyectándolo en forma de extracto en dosis crecientes por vía subcutánea. En esto consiste el tratamiento inmunológico o inmunoterapia, es decir, la “conocida” vacuna.