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El duende comecordones

Dieguito era un niño que vivía con sus padres en la ciudad de las aguas, un lugar en donde cada casa flotaba sobre una gran hoja verde sobre el lago, y en donde todas se unían por carreteras de telas de araña. Todos los días antes de tomar el sapobus al colegio, su madre le pedía que cuidara sus zapatillas, ya que tenía sus cordones gastados. Dieguito, a sabiendas de que a sus padres les costaba mucho comprarle zapatillas, las cuidaba mucho, y se preocupaba mucho de que no les pasará nada, sin embargo estaba muy extrañado por que solo sus cordones se deshilachaban siempre un poco más.
Cierto día decidió comenzar a anotar todo lo que hacía durante el día con sus zapatillas, desde que las sacaba del cajón para zapatos, debajo su cama, hasta que las volvía a guardar, con la idea de descubrir que estaba haciendo que se gastaran sus cordones. Realmente Dieguito estaba muy preocupado, pues a pesar de anotar todo, no encontraba la razón por la cual sus cordones se deshilachaban.
Sin saber que hacer, un día se lo comentó a su abuelo Teodoro, y su abuelo le contó la historia sobre los duendes que arreglaban zapatos, y le recomendó que dejara en el lugar donde guardaba sus zapatos un trébol como regalo, para que los duendes se los arreglaran. Emocionado con la historia, y ansioso por poder arreglar sus cordones, Dieguito corrió a la tienda de plantas del mosquito Heriberto, la que quedaba muy cerca de su casa. Al llegar a la tienda, Dieguito vio el letrero que decía “abierto” en la puerta, abrió despacio y entró, mientras una campanada avisó al mosquito Heriberto de que alguien venia. Maravillado Dieguito por la gran cantidad de plantas que existían en el local, comenzó a buscar la sección de tréboles, y en eso se le acercó don Heriberto para ayudarlo.
- Busco un trébol para duendes – Dijo Dieguito.
- Mmmm…¿Tienes problemas con tus zapatos? – le preguntó Heriberto.
- Si don Heriberto, ¿También usted conoce la historia de los duendes que arreglan zapatos?- Preguntó Dieguito.
- Por supuesto, ellos siempre me arreglan mis zapatos, además que yo tengo cuatro patas, por lo que utilizó hartos zapatos. – Le respondió el mosquito Heriberto.
- Uyyy, verdad, no me había fijado. – Dijo Dieguito.
- Te voy a mostrar los tréboles de cuatros hojas, que son los que más les encantan a los Duendes. – Dijo don Heriberto.
Al llegar a la sección de tréboles, dieguito quedó asombrado por la gran variedad de tréboles que existían, pues los habían de todos colores, rojos, azules, y también los habían de muchos colores como un arcoíris.
- Qué hermoso trébol ese de muchos colores - Dijo emocionado Dieguito.
- Esos son tréboles de la ciudad del arcoíris – Le dijo don Heriberto – Son los que más le gustan a los Duendes.
- Creo que compraré ese, entonces, pues mis cordones están bastante deshilachados.
– Le comentó Dieguito.
Luego de pagar las dos monedas de cristal, que costaba el trébol, y de despedirse de don Heriberto, Dieguito volvió a su casa, emocionado por saber si este hermoso trébol le gustaría a los duendes para arreglar sus zapatos.

Al llegar la noche Dieguito guardo sus zapatos en el cajón, y dejo junto a ellos el hermoso trébol de colores, y se puso a dormir. En mita de la noche, Dieguito no aguantó las ganas por saber si el trébol le había gustado a los duendes y ya habían arreglado sus zapatos, así que tomo su lucilinterna del velador junto a su cama, y al abrir el cajón de zapatos se encontró con una gran sorpresa.En medio de los zapatos encontró a un duende que se estaba acomodando una servilleta en su cuello y con un tenedor para comenzar a comer sus cordones. El duende estaba muy entusiasmado por comenzar a comer, y no se había dado cuenta de Dieguito, pero Dieguito muy preocupado tomo rápidamente su zapatilla y dijo
- Duende!!! no te comas mis cordones
El duende, un tanto enojado, le dijo.
- Niño, no seas egoísta, si es solo un poco, además tú te puedes comprar otro cordón.
- Pero duende, ¿no se supone que tú arreglas los zapatos? no que te los comes – le dijo Dieguito. Y el duende le contestó
- La verdad.. si y no, o sea si..., en realidad arreglo zapatos, pero una vez sin darme cuenta confundí un cordón con un tallarín cubierto de queso, y me lo comencé a comer, y me gusto mucho, y de ahí que me gusta comer cordones.
- Pero amigo duende, yo debo cuidar mis zapatos ya que a mis padres les cuesta trabajo comprarlos, y tú te comes los cordones, eso no me ayuda. – Dijo Dieguito.
- mmmmmmm... tienes razón, pero es que los cordones son realmente muy sabrosos, además estos también tienen sabor a queso. – Le dijo el Duende.
Pensando que hacer para convencer al Duende de que le arreglará sus zapatos, y dado que el trébol no había impresionado al Duende, a Dieguito se le ocurrió una genial idea.
- Pero amigo duende, que te parece si hacemos un trato, yo en vez de dejarte un trébol, te dejaré un tallarín con queso y tú ya no te comes mis cordones, y me los arreglas, además que es mejor comer tallarines de verdad que cordones.
- mmm... si tienes razón. - dijo el Duende - además que me encantan los tallarines.
- Excelente, te dejo trabajar entonces y mañana te traigo tu tallarín – Respondió Dieguito.
- Está bien. – Respondió el duende.
Dieguito cerró el cajón de los zapatos y dejó trabajar al duende, y se volvió a acostar para esperar a la mañana como habían quedado sus cordones.
Por la mañana Dieguito fue por sus zapatillas y encontró que sus cordones habían quedados como nuevos, ninguna sola hilacha colgaba de su cordón, estaban impecables. Emocionado se puso las zapatillas y bajó a despedirse de su madre para ir al colegio, y ella le dijo.
- Diego, ¿Te compraste cordones nuevos?
- No madre, mi amigo el duende me los arregló, tenemos un acuerdo de tallarines. – Dijo Diego.
La madre sonrió mientras se despedía de Dieguito, quien corría emocionado al sapo bus con sus zapatillas de cordones nuevos para ir al colegio.

Autor: Gabriel Castillo Alvarez
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